Cómo reducir la izquierda a cenizas y evitar que crezca la hierba.

Hace ya décadas que podríamos aplicar como análisis lo dicho por Margaret Tatcher tras perder los conservadores las elecciones de 1997: “No importa, ya hemos ganado, la oposición es como nosotros.” Sabemos de sobra que a pesar de las apariencias, la realidad constata que en lo fundamental, las diferencias son prácticamente inexistentes. Es por eso que en un periodo de crisis sistémica y a falta de soluciones por parte del capital para los problemas reales de los trabajadores, la explotación mediática de las diferencias ha sido el modus operandi con un claro objetivo: tenernos entretenidos en un eterno cambio gatopardiano.
Si el bipartidismo mutó en una especie de multipartidismo (aunque sigan siendo los mismos), la estabilidad y la “sana alternancia” han sido sustituidas por la“inestabilidad” y la “crisis de gobernabilidad.” ¿Hay inestabilidad real para el sistema o nos toman por imbéciles? Llevan tiempo creando problemas donde no los hay, elevando pequeñas disputas a batallas campales, apelando a sentimentalismos nacionalistas y a instintos primarios, y promoviendo seguidismo de partidos y líderes como hoolgians de un equipo de futbol. Todo ello en espacios mediáticos en los que hay unos tertulianos comportándose como si estuviesen discutiendo en el patio del colegio. Un espectáculo que no es más que la representación de la farsa, pues en esencia, todos conciden en no cuestionar el capitalismo. A todo este entramado multipartidista televisado le debemos añadir la falta de principios imperante. Tanto los políticos como los tertulianos y analistas son capaces de decir un día blanco y al siguiente negro sin despeinarse y sin ningún tipo de justificación. Algo parecido a los programas guionizados de la prensa rosa.

¿Y la izquierda? Si hablamos de los líderes de las organizaciones, podemos afirmar que forman parte del entramado. De hecho la mayoría accedió a su puesto en la organización gracias a esos mismos medios (propiedad del gran capital). Y hoy han sido premiados con ministerios desde los que asegurar puestos para sus fieles que empezaban a impacientarse tras tanto descalabro electoral. Es el premio del amo por el trabajo bien hecho tras renunciar a los principios y dejar la militancia a merced de un partido que no cuestiona ni cuestionará el capitalismo. Han pasado de hablar del malvado régimen del 78 a ser sus ministros. ¿Quién sabe? Puede que sean los primeros en haber derrocado un régimen y no haberlo dicho.

Por si fuera poco, en un par de años los medios han aupado a un partido de ultraderecha que se encarga de derechizar el arco parlamentario mediante soflamas de nostálgicos del franquismo, exponer el programa de máximos del capital sin tapujos y normalizar comportamientos fascistas. Además les sobra tiempo para elegir el tema del día de la política nacional sin que nadie se dé cuenta del truco. Y por si fuera poco rematan la faena acusando a la exizquierda de “comunistas”, “extremaizquierda” o “bolcheviques” cuando son de todo menos eso. ¿En qué lugar nos deja a quienes no tragamos con la exizquierda? ¿Unos pitufos gruñones cocidos en nuestra salsa de estrellas rojas? ¿Unos desfasados o anquilosados? ¿O simplemente somos trabajadores desposeídos de nuestras organizaciones de clase?

Lo que tengo claro es que el entramado mediático ha conseguido reventarnos y ahora el objetivo es otro: evitar que no crezca la hierba en lo que queda de izquierda.

¿Cómo lo están consiguiendo?

Decía Leonard Cohen que “a veces uno sabe de qué lado estar, simplemente viendo quiénes están del otro lado”. Pues esta es la receta utilizada para tal fin. Primero se nos presenta a UP y se le asigna la etiqueta de izquierdas o comunista. En segundo lugar asistimos a diario a las incoherencias, la falta de principios y de escrúpulos, sus tomaduras de pelo o sus expulsiones arbitrarias e injustificadas de militantes. Finalmente consiguen que, a excepción de quien conserve la memoria, la mayoría identifique a esta gente con la izquierda. Al final, los trabajadores y las trabajadoras ven como la izquierda no se dirije a ellos como clase, como sujeto político, sino como gente abstracta (o como consumidores). Ven cómo esa “izquierda” es capaz de renegar de quienes se jugaron la vida por su clase y hasta de las conquistas de su propio partido. Además es incapaz de tener un discurso de clase fundamentado en quién produce la riqueza y es injustamente desposeído. Ni siquiera es capaz de mantenerse firme frente al imperialismo. Son la “izquierda” que vende renuncias como victorias mientras juega al mal menor cuando nos ponen entre la espada y la pared. Una “izquierda” que no trata de transformar convenciendo sino de vencer dando lecciones de moralina posmoderna de temas y batallitas completamente ajenos a la clase obrera. Líderes y gurús que con una vida laboral generalmente en blanco se atreven a acusar a los obreros del auge de la ultraderecha, llegando algunos a plantear que no voten los jubilados. En algunas ciudades impiden circular por el centro a los obreros con sus viejos coches por ser contaminantes, dejando claro qué barrios pretenden mantener con un aire limpio en un ejercicio de descarado clasismo.

Si finalmente esto se asocia a la izquierda estaremos perdidos pues aplicando lo que dijo Leonard Cohen, están situando enfrente de la izquierda cada día a más trabajadores/as. Y ese será nuestro problema y no el de los peleles de la exizquierda, que quién sabe dónde acabarán.

Algunos se han pasado años viendo fascistas en todos los lados, pero no se inmutaron cuando a su lado se atacaba a la izquierda lanzando mensajes similares a los del fundador de la Falange. Sin duda alguna tenía razón Bertolt Brecht: “estar contra el fascismo sin estar contra el capitalismo, rebelarse contra la barbarie que nace de la barbarie, equivale a reclamar una parte del ternero y oponerse a sacrificarlo.” Curiosa esta “izquierda antifascista” que no planta cara al neoliberalismo que recurrirá al fascismo cuando precise. Esto es, cuando el capital esté en en riesgo. Y aunque parezca muy lejano ese día, llevan abonando el terreno de dos maneras, con la normalización de comportamientos y discursos protofascistas, y con el entierro de la izquierda. Algo a lo que han contribuido unos y otros.

Espero que pronto acabe todo este engaño, porque ese miedo de los capitalistas tardará muchos años en llegar, justo lo que tardemos en reconstruir la izquierda y el partido comunista.

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