Sobre las elecciones sindicales de la enseñanza.

¿Y eso, para qué? -me preguntó un compañero al comunicarle que sería apoderado durante las pasadas elecciones.- Le respondí que esa era mi responsabilidad como afiliado y eso le llevó a lanzarme la pregunta fundamental: ¿Crees que vale para algo estar en un sindicato?

Ésta pregunta es la que se hacen no solo muchos/as docentes sino millones de trabajadores/as. Partiendo de ello, que es un problema de base, las elecciones sindicales pasan automáticamente a un segundo plano.

Por desgracia conozco a demasiados compañeros/as que pagan una cuota para que le asistan ante una duda, para recibir merchandising, o porque desgraba y le mandan ofertas para el dentista o para viajar. Ante eso, que es lo único que ofertan muchos sindicatos, entiendo a quienes se ahorran ese gasto. El problema es que las quejas sobre el empeoramiento de las condiciones laborales y de la situación de la enseñanza pública se quedan en la sala de profesores/as, y es ahí donde se vuelcan demasiadas frustraciones. Nos pasamos días, meses y cursos enteros en conflictos internos que en su mayoría son producto del constante ataque a la escuela pública. Personalmente he visto como la importante lucha de los/as educadores/as de educación especial pasaba completamente desapercibida para muchos maestros. También como el aumento de la precariedad de los interinos se ve como algo normal pues co “todos hemos pasado por ahí”. Ni qué decir del personal de limpieza, que con el mismo tiempo ha de limpiar mucho más que hace unos años. 

La cruda realidad es que no hay ningún problema hasta que nos afecta personalmente. Evidentemente no es nada ajeno a la sociedad en la que se crean identidades ficticias, se fomenta lo privado sobre lo público y lo individual sobre lo colectivo. Es lo que hay en el capitalismo, que arrasa y arrasará con todo a su paso mientras no consigamos pararle los pies con consciencia y organización de clase. De nada sirven sindicatos que desligan a unos trabajadores de otros por sectores por muy “peleones” que sean. Tampoco el “sindicalista” que viene al colegio a exponerte la vida y milagros del sindicato de turno y a pasarse la mayor parte del tiempo a criticar a los pocos que quedan de clase. De ninguna manera me sirven quienes se alegran de ganar unas elecciones sindicales sin ser una organización de clase que consiga victorias reales para los trabajadores y las trabajadoras. Ni mucho menos al que se presenta como el salvador que viene a solucionarte los problemas, porque aquí, como le dije a mi compañero al estilo Novecento, “el sindicato eres tú, soy yo y debemos ser todos/as”. Y en eso estamos.

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