La sonrisa del maestro

Autor: Aprendiz de maestro.

En un pueblo de cuyo nombre no quiero acordarme, vivió y murió un maestro. Hasta aquí, podría ser una historia de lo más normal, sin embargo la muerte de D. Matías fue uno de los acontecimientos comentados a lo largo del tiempo, incluso en nuestros días.

D. Matías murió con una sonrisa en sus labios. Una sonrisa plácida y tranquila, que todos los habitantes del pueblo, comentaron cuando fueron al tanatorio a despedir el duelo y transmitir a sus familiares el pésame por tan importante pérdida.- ¡Parece feliz! Susurraban.-

Era un hombre muy querido en el pueblo, los niños le adoraban. Siempre le acompañaban en sus paseos por un bosque cercano, situado a las afueras que conducía a la fuente de “Los Olmos”. Durante algún tiempo los habitantes del pueblo y en especial sus amigos más íntimos pensaron que D. Matías volvía del bosque rejuvenecido y sonriente. Él se lo tomaba a guasa y no prestaba demasiada importancia a aquellos comentarios. Pero si es verdad, que algo diferente sentía al volver de los paseos y beber agua de aquella fuente.

Pocos por no decir nadie, conocían un detalle muy significativo de sus paseos. Cuando comenzaba el camino, algunos niños y niñas del pueblo le acompañaban hasta el límite del bosque, a partir de allí D. Matías continuaba solo. Era entonces cuando de entre unos arbustos siempre florecientes aparecía una niña que solo D. Matías podía ver. Nunca comentó nada, ya que nadie le creería, pero él ya estaba acostumbrado a aquellas misteriosas apariciones que constituían su secreto. Aquella niña se le acercaba y tomando su mano le acompañaba en el paseo hasta llegar a la fuente.

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