Reflexiones de un militante cansado (pero no rendido)

“¿Para esto hemos luchado tanto? –se preguntaba un histórico militante poco antes de dejarnos hace dos años.-

Que un camarada que ha sufrido la guerra y el exilio acabe así sus días es desolador, especialmente cuando no hay nada actualmente que indique que algo vaya a mejorar para la clase obrera. De hecho, hace un año que escribí un texto contra el desánimo y la indiferencia que observaba en muchos militantes y un año después el desencanto es mayor. No son pocas las noticias que me llegan de bajas de militantes que se van a su casa hartos de lo que ven aunque también conozco a unos cuantos que han reducido su actividad al pago de la cuota. No hay duda de que cada vez hay más pesimismo, desánimo y desorientación.

Sin ir más lejos, el pasado fin de semana se celebró el XX Congreso del PCE y no sé si estamos ante un nuevo rumbo o ante la estocada definitiva. Tengo entendido que ha habido cambios significativos sobre el papel y que algunos han proclamado “el fin del carrillismo” achacándole todos los males de nuestro partido a quien hace más de treinta años que se fue. Como si los que vinieron después no fuesen responsables de la deriva del partido o cómo si algunos se hubiesen convertido al leninismo de la noche al día. Entiendan que uno tenga sus dudas ante tal realidad.  Pero sí, lo más fácil es echarle la culpa al muerto mientras algunos empezamos a sospechar que a quien han estado años enterrando ha sido a nosotros/as.

Ya son muchos años y uno empieza a pensar que hemos sido utilizados como burros de carga pegando carteles de infinitud de marcas y coaliciones absurdas y de cuatro energúmenos cuya vida laboral no dista mucho de la de los ”ciudadanos” borbones. Y ya sabemos que sin saber lo que es trabajar es muy difícil entender la necesidad de tener un partido. Porque esta “gente”, que no tendría dónde caerse muerto fuera del mundo de la política, sabe que no tendrían cabida en un partido serio. Por ello tratan al partido y a su militancia como si fuésemos una fundación de nostálgicos que les hace el trabajo sucio en cada cita electoral, aunque no dudan en insultarnos desde los medios que les dan cancha cuando les plantamos cara.

A estas alturas no nos deberíamos llevemos las manos a la cabeza porque estos personajes renuncien a sus principios por una sencilla razón: nunca los han tenido. Por eso les da igual que el partido se denomine marxista – leninista o marciano – pesimista. De la misma manera que se la suda si el logo lleva una estrella, un balón de futbol o una lata de cerveza. ¿O acaso son internacionalistas quienes nos  han metido de cabeza de lista a un general otanista?

En definitiva, independientemente de lo que diga el papel, la conclusión a la que he llegado es que alguien sobra en este partido. Y no somos quienes lo necesitamos. No podemos permitirnos ese lujo ni concederles tal honor.

Por muy cansado que esté, no puedo ni debo rendirme ante una necesidad cada vez más imperiosa.

pce

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