La próxima batalla

La próxima batalla: contra el desánimo y la indiferencia

Quienes militamos en organizaciones políticas y sindicales o en movimientos sociales, nos encontramos en uno de los momentos más difíciles de los últimas décadas. Si bien es cierto que vivimos con unas mínimas garantías democráticas -conseguidas gracias a la lucha de millones de trabajadores y trabajadoras-, cada vez vemos como éstas se van reduciendo. No obstante, la clase dominante no precisa en este momento de un régimen fascista al uso a pesar de que la clase obrera sufra un 20% de paro, un aumento galopante de la precariedad, o que miles de familias se queden sin un techo digno. En muchas ocasiones identificamos el fascismo a la España de misas y desfiles, especialmente en la periferia, pero el fascismo es algo más profundo. Es un arma de la burguesía para mantenerse y perpetuarse en el poder cuando lo ve peligrar. Es simplemente la explotación al descubierto.

La pregunta que deberíamos hacernos a continuación es por qué se adoptan medidas represoras como la Ley Mordaza si no tienen ningún peligro. En primer lugar, porque el capital sabe que no hay salida para la clase obrera en su sistema y que ellos lo están consiguiendo gracias al aumento del grado de explotación y también a las guerras creadas. En segundo lugar, porque nuestro camino hacia la miseria avanza sin vuelta atrás y saben que ello puede (y debería) generar grandes conflictos sociales. Sinceramente, pienso que ni ellos se creen lo que está aguantando la clase obrera y por ello van preparando ese régimen y esa sociedad que necesitarán algún día.

La batalla ideológica

Muchas veces escucho a compañeros/as decir que el sistema adormece las mentes, pero nadie ni nada permanece en medio de la nada ni dormido en sociedad. Lo que realmente hacen los creadores de pensamiento (mass media, religiones, sistemas educativos, etc.) es insertarnos creencias frente a  pensamiento, ideologizarnos y alienarnos. Y lo hacen de una manera tan eficaz que algunos aseguran ser seres “librepensadores” desatados de cualquier cadena ideológica, capaces de juzgar des manera equidistante desde una atalaya y sin necesidad de tomar partido. Claro que, esa equidistancia es difícil de mantener cuando en una familia de cuatro miembros solo hay unos ingresos de 426 euros. Es ahí cuando entra en acción la droga dura del sistema para explicar el por qué te está pasando esto: porque hay políticos corruptos,  malos y/o incompetentes y porque no somos lo suficientemente emprendedores como Amancio Ortega. Ya sabemos, buenos y malos, winners & lusers. Después vendrían los coches oficiales, el “gasto” en servicios públicos, las autonomías, las empresas públicas, los funcionarios, Venezuela, Corea, Cuba, y un largo etcétera de sandeces. Todo lo que haga falta para apartar de los focos a los verdaderos responsables.

La ideologización fascista de la sociedad

Nadie negará que los casi cuarenta años de fascismo en España han dejado huella. Sin ir más lejos, siguen gobernando prácticamente los mismos y lo más importante, para los mismos. Y lo seguirán haciendo, por desgracia o por falta de alternativa, durante bastantes años a pesar de que algunos creyeran estar a un dedo de asaltar los cielos hace unos meses.

De vez en cuando recomiendo dar una vuelta por los bares para observar cómo la pena de muerte está bien vista por una gran parte de la sociedad después de ver por tv como el asesino de una niña sale de la cárcel; o cómo muchos restaurarían la cadena perpetua tras ver a corruptos reírse en televisión; o de qué manera repatriarían a un (in)migrante después de delinquir y ser expuesto en la pantalla; o de cómo algunos justifican un asesinato machista “porque le ponía los cuernos”; o cómo se desprestigia a los funcionarios porque son unos vagos aunque enseñen a nuestras hijas o nos operen a vida o muerte mientras nos encomendamos al amigo imaginario del Papa de Roma; o cómo cuando asesinan a un luchador y sueltan “algo habrá hecho” o “tampoco sería un santo”.

El desprecio a la política en sí hablando de “clase política” es la base idónea para la justificación de un régimen fascista. Un mensaje al cual la nueva izquierda (por decir algo) ha contribuido sobremanera metiendo en el mismo saco a Felipe González que a Cayo Lara pero no a Florentino Pérez y Patricia Botín.

Ni qué decir de la mutación de la política a pésimo show mediático en la que los líderes caudillitos se pasan el día buscando fans. Unos seguidores que en muchos casos actúan como hooligans, eso sí,  desde el sofá de sus casas y a través de Internet. Lo de la calle, los centros de trabajo, la militancia, la organización de clase está “mu desfasao”. Como digo, un show que lo único que persigue es el cabreo constante en el espectador para que acabe desencantado de la política o como mínimo, alejado de la vida militante.

Sin duda alguna, están sentando las bases para lo que pueda venir y a estas alturas deberíamos haber aprendido un poco de la historia para saber de lo que son capaces esta gentuza. Pero como digo, a veces hay que pisar los bares para comprobar que estamos heridos y tirados en el suelo y no a punto de asaltar los cielos.

Nuestra próxima batalla

Como he dicho al principio, la primera batalla será contra el desánimo y la indiferencia. Hay que combatir el hartazgo inducido de la política que padecen las masas pero primeramente debemos recuperar el pulso y acabar con el desánimo causado tras ver como hemos perdido el norte. Esperar a que la izquierda de platós nos ilumine a través de la pantalla no servirá de nada. No hay nada más contraproducente que autodenominarse “alternativa” sin serlo. Por ello, es necesario recuperar la actividad en cada pueblo y en cada barrio, volver a organizarnos en los tajos y en el mundo de la cultura, y a formarnos para combatir en el día a día la ideología dominante que nos filtran en cada minuto de televisión pero sin caer en elitismos pueriles. Debemos denunciar públicamente, desenmascarar y atacar a los medios de manipulación como lo que son. Tenemos la obligación de centrar el discurso en los problemas que tenemos como clase y ofrecer alternativas serias y no mensajes mesiánicos. Y eso pasa necesariamente por prestigiar el socialismo explicándolo sin caer en mensajes de paraísos idílicos.

Recordar hacia dónde vamos, recuperar el norte. Solo así acabaremos con el desánimo y la indiferencia. Solo así levantaremos el vuelo.

Advertisements

Deixa un comentari

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

Esteu comentant fent servir el compte WordPress.com. Log Out / Canvia )

Twitter picture

Esteu comentant fent servir el compte Twitter. Log Out / Canvia )

Facebook photo

Esteu comentant fent servir el compte Facebook. Log Out / Canvia )

Google+ photo

Esteu comentant fent servir el compte Google+. Log Out / Canvia )

Connecting to %s