La izquierda bufona

En un momento en el cual gran parte de la izquierda niega la lucha de clases, quienes nos oponemos a tal hecatombe solemos recurrir a las palabras del magnate Warren Buffet cuando afirmó que “la lucha de clases sigue existiendo, pero la mía va ganando”. Tengo la sensación de estar ante un sketch superrealista cuando veo a quienes han tratado de vender el fin de la historia o la inexistencia de la lucha de clases sociales reconociéndolo su mentira con sorna. Desgraciadamente no es para reirse, pues hacen estas afirmaciones porque no tienen nada serio enfrente.

gilaPor su parte los medios de comunicación (los grandes creadores de pensamiento y manipulación de masas) continúan con su “nueva era”. Como bien me dijo un gran amigo hace un par de años, el sistema ha adoptado un modelo político a lo Inditex: oferta distintos tipos de tienda y estilos para llegar al máximo número de consumidores aunque todo pertenezca al mismo explotador. Si ya no sirven los dos partidos “tradicionales” para abarcar a la inmensa mayoría de los votantes pues se añaden dos o tres más y sanseacabó. Ante las penurias que pasa la clase obrera, la principal función de los mass media es evitar que el sistema capitalista quede al descubierto como causa y a su vez ofrecer esperanza de que votando la cosa cambiará sin organizarse. De ahí que desde hace unos años han ido destapando muchos casos de corrupción (que antes ocultaban) en los que siempre nos muestran al corrupto pero no al corruptor. También desde entonces las tertulias políticas han ocupado más y más tiempo en las parrillas televisivas, incluso en prime time. Tal y como afirmé en una reflexión hace meses, el capital está soltando lastre.

¿Qué ha hecho la izquierda ante estos movimientos? -regalar la lucha por la hegemonía, renunciar a la lucha de clases, autodestruirse y venderlo como una victoria. En vez de denunciar y desmontar el nuevo círculo mediático de payasadas diarias que lavan la cara al sistema, se participa en él como si no hubiese tareas más urgentes. Además los líderes no participan en él para aprovechar 30 segundos para animar a luchar y organizarse. No, porque no les hace falta. ¡Sonrían, porque estamos en el circo! Tertulianos, expertos, analistas y algunos dirigentes que no dirigen absolutamente nada debatiendo sobre quién ha ganado y quién ha perdido las elecciones. La respuesta era muy sencilla: los mismos de siempre en ambos casos.

El discurso dominante es más dominante hoy que hace una década, con lo difícil que era superarlo. La imperceptible fascistización de la sociedad sigue su avance mientras nos dedicamos a hablar del tiempo que hace o de que el miedo cambia de bando o de banco, ya no sé. Sinceramente, pienso que hemos perdido una oportunidad de volver a disputar la lucha por la hegemonía. Pero que nadie se confunda y caiga en el error infantil del “ahora o nunca”. La vida sigue.

Lamentablemente el sistema está saliendo reforzado a pesar de que aumente el grado de explotación y esto se debe en gran medida a la autoflagelación de la izquierda. Una izquierda capaz de negarse a sí misma, de asumir el pensamiento del contrario, de camuflarse, de no hablar claro ni de lo que debería. Una izquierda que como José Antonio ahora es “ni de izquierdas ni de derechas”; que en vez líderes tiene mesías y que busca fans y hooligans en vez de militantes; que se presenta como lo nuevo frente a lo viejo y reniega de quienes regaron con sangre este país por luchar por una vida más justa. Una izquierda que dice simplificar el lenguaje para que el resto podamos entender a semejantes iluminados; hablar en el “idioma de la gente de a pie” mientras lo que realmente dice es lo mismo que el “cuñado” pero con un lenguaje académico o que simplemente se dedica a dar discursos pedantes que no dicen nada. Una izquierda que practica la equidistancia ante las injusticias y que calla ante los crímenes de la OTAN. Una izquierda que calla ante los abusos laborales; que habla de ciudadanos y no de trabajadores/as; que asume que nuestros males vienen por unos malos y corruptos gobiernos y no por un sistema económico, social y cultural que nos explota y aplasta. Una izquierda que frente a todo ello nos ofrecen una solución electoral sin movilización ni organización, llegando incluso a afirmar que con ellas no se ha conseguido nunca nada.

Esta es la izquierda que niega la lucha de clases: la izquierda bufona. Lástima que no me haga ninguna gracia. Será que no me gustan las payasadas.

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