Contra el desánimo

Contra el desánimo

Llevo bastante tiempo observando un gran desánimo y cansancio entre los y las camaradas que conozco. Sin ir más lejos, yo también he pasado más de un día de flaqueza.

Habrá quien no querrá ver que la situación es cada vez peor para la clase obrera en general y para el movimiento comunista en particular. Hay incluso quienes nos pedís que sonriamos ante una hipotética victoria electoral. “El miedo ha cambiado de bando” nos decís mientras aseguráis que estáis creando hegemonía con vuestro discurso “atrapalotodo”-. Me gustaría saber qué hegemonía se crea cuando se acepta el programa, el discurso y hasta el lenguaje del enemigo. En vez de crear hegemonía aceptáis la ajena y lo vendéis como todo lo contrario. Para más inri reducís todo a una lucha política olvidando la lucha económica e ideológica. Sinceramente, nunca había visto a nadie renunciar a tanto antes de gobernar.

Aun así, aparecéis como estrellas del pop internacional por la televisión y sois incapaces de animar a las masas a organizarse y a movilizarse, lo cual indica que buscáis fans en vez de militantes, y por tanto, no cambiar nada. Además, es en esos platós donde acabáis asumiendo que las penurias del pueblo ocurren por unos malos gobiernos o por la corrupción y no tenéis la valentía de condenar el sistema que lo genera. Por muchas elecciones que ganéis, esto no es ni mucho menos una victoria, a no ser que sea una aspiración personal.

Sabéis que sin organizaciones obreras fuertes, unidas y movilizadas no cambiará nada por muchas diputados que obtengáis. Así que disculpadme, pero no tengo ganas de sonreír porque me pongo en la piel de familiares y amigos que llevan más de 5 años en paro y solo conseguís que me entre una tremenda mala hostia.

Mientras os divertís de bolo en bolo en esta inmensa gira por todo lo alto, otros seguiremos construyendo organización para tener la fuerza suficientemente capaz de transformar la realidad. Esa lucha humilde y dura es la única manera de volver a sonreír, porque la alegría también se debe construir. Porque la necesitamos pero no podemos engañarnos ni a nosotros mismos ni a la clase trabajadora. Porque sabemos que la lucha organizada es la única manera de cambiar la historia, aunque  puede que muchos no lleguemos ni a verlo. De ahí la idiotez de lemas como “ahora o nunca”. Porque tardará, pero llegará el día en que acabemos con la explotación del hombre por el hombre. Y ya de paso, con los vendedores de humo.

Mucho ánimo a todas y todos los camaradas. Ni un paso atrás.

p_30_07_2011

 

¡Abuelo, que no te enteras!

Mariano, un jubilado de 70 años, permanecía atento cada mañana a la pantalla de televisión hasta que se hartó. Al principio se alegró de que se hablase tanto de política pues su familia sufrió el silencio durante demasiado tiempo. A pesar de eso perdió su interés por esas tertulias, más parecidas a un sainete que a un debate ideológico. Ya hace tres años que no ve programas ni noticias de política.

Últimamente le da por recordar sus años de militancia en el partido cuando era “el Partido”. Le vienen a la memoria las reuniones clandestinas, cómo se organizaba en su fábrica, las primeras manifestaciones y las primeras elecciones después de la dictadura fascista. La tristeza y la melancolía le inundan cuando ve que ya no queda nada de aquello y que los trabajadores y las trabajadoras han quedado huérfanos y abandonados.

Desde que abandonó el PCE hace casi treinta años, nadie de su familia tomó partido políticamente. Hoy, su nieto veinteañero le ha confesado que se ha afiliado por internet a un partido que “va a cambiarlo todo”.

-¡Abuelo, sonríe porque vamos a ganar!

-¿Ganar el qué?

-Las elecciones, ¿qué iba a ser?

-Por un momento pensé que hablabas de la Eurocopa. Pero dime, ¿ese partido tiene una buena organización en los centros de trabajo, asociaciones vecinales, movimientos sociales y en los barrios y pueblos?

-¿Eso para qué? Yo solo me he apuntado online y he votado al candidato que conozco.

-Entonces, ¿cómo pretendéis cambiar todo esto?

-¡Pues con mucha ilusión, abuelo! Las encuestas dicen que podemos ganar las elecciones.

-No sé, en mis tiempos hacía falta algo más. Al menos dime que es un partido de izquierdas, antisistema, de clase…

-¡Eso está anticuado! Debes aceptar que el mundo ya no es igual que en tus tiempos de proletarios y parásitos. Nosotros no somos ni de izquierdas ni de derechas. Somos el cambio, el sentido común, la juventud más preparada de la historia que cambiará el rumbo por una nueva patria en la que todos remaremos en la misma dirección.

-Hijo mío, ¿no te habrás afiliado a la Falange?

-Pues no. ¿Para ti todos son fachas o qué?

-No, pero…

-¿Por qué estás tan triste, abuelito?

-No sé, en ocasiones como esta echo de menos a mi partido. Me pregunto qué quedará de él.

-¿No te has enterado? ¡Tu partido viene con nosotros a las elecciones!

-¡La hostia!

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La hoz y el martillo

“¿Sabes que Antonio es comunista?

-¿En serio?

-Y yo que pensaba que era un buen tipo.”

La hoz y el martillo
(traducción automática)
El otro día entré en el bar a repartir una revista del partido y un amigo me preguntó donde iba con esos símbolos tan anticuados -en referencia a la hoz y el martillo-. Rápidamente y en un ejercicio de picardía, le respondí que al menos no era tan anticuado como la cruz que él llevaba al cuello, utilizada desde el siglo III d.C para hacer referencia a los “religiosos de la cruz”.

Sin embargo, no es cuestión de si un símbolo es mejor o peor por su edad, sino por lo que representa. A mí, sinceramente, me da igual que nuestro anagrama sea un martillo y una hoz o un camión y una pala, pero siendo parte de nuestra cultura revolucionaria, tengo que normalizarlo en la sociedad, y más teniendo en cuenta que lo ha sido durante más de un siglo. Y si no, volvemos al ejemplo de la cruz cristiana: estoy completamente seguro de que si a un paleocristiano le mostrásemos una cruz se alejaría de nosotros a la velocidad de la luz. Algo similar ocurriría después de decirle a un tejano que nuestro símbolo es una silla eléctrica, ya que la cruz en su momento tenía el mismo fin. Si los cristianos han normalizado un instrumento para torturar y matar, ¿por qué nos empeñamos nosotros mismos en enterrar dos herramientas de trabajo?

Indudablemente, el fondo de la cuestión no se encuentra en los símbolos sino en la debilidad ideológica que nos ha llevado a renunciar a un inmenso bagaje de lucha e incluso a renegar públicamente de muchas conquistas sociales. Si hemos sido capaces de olvidar victorias o de reivindicar derrotas, ¿qué esperamos que piensen de nosotros las masas? ¿Qué esperamos si en vez de hacer pedagogía nos dedicamos a opinar lo que oímos en la barra del bar?

Reconozco que no soy nada de llevar símbolos ni ir por diciendo quién soy, de dónde vengo ni a dónde voy, pues no lo veo necesario en la mayoría de las ocasiones. A pesar de ello, pienso que tampoco tenemos por qué ocultar los símbolos, ya que al final, en vez de decir que somos comunistas, nos acusarán de serlo, y en ningún caso me gustaría llegar a esa situación.

En fin, yo seguiré sintiéndome orgulloso de utilizar estas herramientas a pesar de que algunos no sepan qué es ni qué representa.

esta imagen es el ejemplo de un símbolo que representa un hecho que horroriza a cualquier capitalista. 70 años después continúa siendo la peor de sus pesadillas.

Esta imagen es el ejemplo de un símbolo y un hecho que horroriza a cualquier capitalista. 70 años después continúa siendo la peor de sus pesadillas.