El olvido de los clásicos

El olvido de los clásicos

*traducido automáticamente

“Papá, necesito una enciclopedia para ir a la escuela.

-De eso nada, tú irás a pie como siempre hemos hecho todos.”

Este chiste refleja por un lado un avance frente a la ignorancia, pero al mismo tiempo también constata que seguiremos andando en más de una ocasión.

—-

Estamos viviendo un momento en el que nos presentan lo nuevo frente lo viejo como si sólo por ser novedad fuera mejor. Y lo que es peor, se desliga una cosa de la otra.

atenasTodo esto me parece uno de esos períodos peligrosos en los que la humanidad envía la historia, el conocimiento y la cultura a un cajón cerrado con llave. Hay quien consideran desfasado leer la Odisea de Homero o la “Política” de Aristóteles; estudiar el Capital de Marx o la Teoría de la relatividad de Einstein; escuchar un motete de Luis de Narváez o analizar una fuga de Bach; disfrutar de la presencia de la Pietà de Michelangelo o comparar el Saturno de Goya con el de Rubens. Incluso se desprecia por ignorancia el Guernica de Picasso, La consagración de la primavera de Igor Stravinsky o el Octubre de Eisenstein. Incluso, “clásicos” de la música popular, desde cantautores a bandas míticas del rock.

Parecen tiempos para mesías que se presentan como salvadores y para cerdos que marchan sobre Roma construyendo la avenida de los Foros Imperiales por encima de la historia. Esos que al mismo tiempo son los que tratan de perpetuar la sociedad de clases existente. Esa sociedad capaz de perder la memoria y que se olvida de miles de personas enterradas en las cunetas o que no se inmuta por un bombardeo que ocurre al otro lado del mundo. Ese adanismo que peligrosamente impregna las organizaciones obreras desentendiéndose de las luchas y victorias de su clase. Esa falta de conciencia de clase y de incapacidad para organizarse en el centro de trabajo. Esa pasividad y ese pesimismo que deja al mundo continuamente de susto en susto.

Dicen que un clásico nace cuando lo recuerdan los que no la han conocido en vida. Podríamos pensar erróneamente que han empezado a morir los clásicos, pero incluso los más ignorantes están compuestos por la suma de ellos. No tengamos miedo a la historia, al conocimiento o la cultura. Al fin y al cabo, los que sí la tienen son los listillos que pretenden engañarnos, ya que sólo pueden terminar en un búnker de Berlín o en la plaza de Milán.

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